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Ultima oda a Federico
Por Dolors Alberola
Federico está muerto como un río,
pero su sangre moja.
Federico está vivo como un verso,
pero su tinta mata.
Federico está solo,
solamente está solo Federico
entre las voces todas.
Federico está viento, pero el viento
quiere esparcir sus ojos por la tierra.
Federico está mar. Venid a navegar por Federico.
Federico no está. Dónde está Federico que no está
ausente en ningún lado.
Dónde asombra su voz cuando esparce la luz de sus palabras.
Dónde yace poema Federico que no habita la muerte.
Dónde sí, dónde no, se oculta Federico con su luna de plata.
Federico, a caballo, quiere cruzar la palma de tu mano,
quiere saltar el puente de tu vida y llegar hasta el río
que nace en tus entrañas con un agua fresquísima.
Federico, sí, pretende, con un verso, jugar a marinero.
Ha doblado el poema en cuatro cuarterones.
Federico el caballo ha doblado la luna en dos mitades.
Federico el arcángel se ha dejado matar,
pero igual resucita.
Federico se llama Federico García y es de noche.
Dónde está Federico en la espuela de plata de los cielos.
Dónde está Federico en la verde baranda de la nada.
Dónde está Federico en la guardia civil que se mantiene oscura.
Dónde está Federico que no llega y se oye.
Federico se escribe con carmín de oro puro y dos plumas remeras.
Federico se lee con sorpresa de niño y alma de doncel.
Federico se ama con el amor que se ama tan sólo a Federico.
Federico está vivo, llamad a Federico. Fe-de-ri-cooooo, ven.
Y Federico viene, montado en un caballo de cartón,
con sus bucles de poeta, cuando aún era ángel.
Y Federico vuela cuando aún era viento.
Y Federico lee cuando aún era vida y solía reunirse
-Y la gallina-, exclamaba con risa Federico.
Y Federico ama. Y Federico ama. Y Federico ama,
ya lo he dicho tres veces. Y Federico ama
como sabe amar, tan solo, Federico.
Federico está solo entre un millón de lágrimas.
Federico no llora, es el mar Federico,
es la lágrima seca y el velero,
y en las noches de invierno se ha visto a Federico
amando tercamente a su doncel de nieve.
Federico. Qué quieres -pregunta Federico-.
Federicoo. Que qué quieres -pregunta Federico-.
Federicoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Y Federico vuelve, montado en este carrusel de oes,
hasta esta misma página.
Que, que, que, que, que queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeé quieres.
Nada. Añadirte tan sólo que es mentira.
Que es mentira tu muerte y que tu sangre
es un barril de vino donde vivo borracho y me enamoro.
Y entonces Federico se desnuda
y me enseña los versos que le hirieron.
Cae la luna como un fusil plateado sobre el río
y la moza no es moza y el marido
es un doncel de fuego que desnudo
se imprime en Federico.
Federicooo.
Qué. Qué. Qué.
Ay, Ay, Ay, va cantando la vida a mis espaldas.


 

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