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La sirenita de Copenhague atiende al sicoanálisis
Por Dolors Alberola
Ve, pues, sin otro ornamento, perfume, perlas, diamante,
que tu escuálida desnudez, ¡oh, mi belleza!


CHARLES BAUDELAIRE



     Si recordara todo. Si un día me sentara, así, tal como ahora estoy, desnuda, ¿y por qué no?, con las piernas abiertas y el sexo bien abierto. Si me sentara aquí, delante de mi madre, enfrente de esa voz vieja de la conciencia. No toques, niña. Ahora no hagas eso. El diablo te mira. Los hombres tienen algo (y agachaba la voz). Si un día me sentara frente al cadáver ficticio de Ifigenia con su rostro de cierva. Si me inmolara al lado de las brujas de Salem. Si luego, mansamente, reconociera en alguien el rostro tan amado del fuerte minotauro. No, las niñas no hacen eso. No digas tonterías. Es la imaginación. Doctor, mi hija es una fábula. Ya dijo el sacerdote: Amárrate las riendas. La memoria traiciona. Nunca les hice caso. Jamás saqué hacia el viento la cueva de Afrodita. Me pertenece todo. Yo nunca fui esa hembra de tacones brillantes. Aprendí junto a Newton. Hice declinaciones. Ilustré con Ovidio nuevas formas de amar. No me dejé tragar por la ballena. Si me sentara un día, tal vez, a recordar, como me siento, ahora, en este infinitivo de la mente. Pero algo me dice que el tiempo es otra cosa, que el sexo es otro tiempo, que no existe la piedra, que el vestido lo llevo pegado a la memoria y hay un ciego que, con ojos de cordero, pretende no mirar. Pero, es que alguna vez he tenido yo madre. Es que no fui engendrada, parida por la loba, amamantada por esta turbia soledad. Es que acaso fui yo para mostrar de mí esas partes vacías de algún cuerpo. En tanto esto pienso, voy pasando las hojas de mi vida. Yo nunca tuve vida y estas tristes cubiertas son sepulcros. Podréis leer en ellas apenas cuatro frases. Ninguna me define porque, yo, lo dejé todo en blanco. Si alguna vez mi imagen sólida se ahondara en el mar...


 

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