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El imperio de la imagen
Por Julio César Páez
     Hace años que trabajo con el Senador, y puedo decir que, a pesar de mi juventud he sido un puntal imprescindible para el desarrollo de su carrera; claro que últimamente debo admitir que me he mostrado un tanto reticente respecto a determinadas iniciativas en relación a la contienda electoral del año venidero. Reticencias que he tenido que dejar de lado ante el peso de la argumentación de mis correligionarios: todo procedimiento es lícito y legítimo contra el Eterno Riojano.
     El asunto comenzó cuando evaluamos las últimas encuestas y el Senador cayó en un pozo depresivo del que no pudimos sacarlo con las medidas habituales; de todos modos, las chicas fueron generosamente compensadas y los proveedores no tuvieron de qué quejarse. A los dos días, Sotelo hizo el contacto y se lo comunicó al Senador. El clima en el despacho cambió completamente, como si la posibilidad de acceder a aquel asesor de imágenes asegurara una posición expectante en la carrera presidencial. Si bien era un absoluto desconocido para mí, debo admitir que me impresionó gratamente cuando lo conocí: era bajo, delgado, vestía un traje gris de corte impecable y tenía una mirada inteligente y perspicaz. Se presentó y nos invitó a que tomarámos asiento, luego de las habituales palabras de circunstancia prefirió ir directamente al punto e inició una aproximación bastante certera al arte del monólogo:-Sé perfectamente por qué recurren a mí y me siento halagado, de todos modos quiero ser absolutamente frontal con ustedes, y les informo que mis honorarios no son bajos, y que sólo aceptaré cobrarlos en efectivo, no me interesan las influencias políticas ni la participación en negocios de ninguna especie. Discúlpenme si mi forma de plantear las cosas les resulta chocante o grosera pero creo que si vamos a cooperar durante un tiempo tan prolongado considero que es necesario aclarar todo desde el inicio, mi experiencia, que no es poca, me dice qué es la única forma de evitar malentendidos...
     -Claro, por supuesto, no habrá problemas al respecto.-admitió el Senador-De todos modos, antes de cerrar cualquier acuerdo estoy interesado en el marco teórico en que usted sitúa su marketing político, tengo una idea aproximada y me parece atractivo pero de todos modos me gustaría una definición directamente de usted.
     -Bien, la cuestión es sencilla, todos sabemos que el lenguaje racional articulado sobre propuestas plausibles es un elemento completamente prescindible para el accionar político, nadie lo ha dicho explícitamente ni lo admitirá públicamente, no, no diga nada, Senador... no es necesario, asumiendo ese punto nos liberamos de todo un lastre de prejuicios que nos impedirían tener posibilidades de obtener la victoria...
     Carraspeé con levedad y el Senador volvió su mirada hacia mí, pero ninguno de los dos dijo nada.
     -Sé que mis afirmaciones pueden sonar maquiavélicas...-prosiguió el asesor-...bien, no podrían sonar de otra manera porque lo son, ¿o no estamos hablando de acceder al poder?
     -Sí, sí, claro, claro. -aceptó, creo que un tanto servilmente, el Senador.
     -La cuestión se simplifica notablemente si nos quedamos con lo que impera... y lo que impera es la imagen... necesitamos movernos en el mundo de las imágenes y crear una imagen fuerte y con alto poder de convocatoria... Una imagen que convoque a las grandes mayorías nacionales, debemos rescatar un arquetipo sano, honesto y hacerlo a usted la encarnación de dicho arquetipo...
     -Eso no suena demasiado racional. -me atreví a comentar. El asesor me fulminó con la mirada y dijo con furia contenida-Claro que no, pero,¿qué tiene que ver la racionalidad con la política?,¿O no recuerda a quién debemos enfrentar?
     No respondí y bajé la vista. Oí que el Senador preguntaba-¿Y tiene algunos arquetipos en mente?
     -Tengo algunos, claro, pero no sé si serán compatibles con su personalidad, y con los temas que usted quiere manejar en la campaña...
     - Bueno tenía pensado hablar de ciertos temas que son candentes en la actual coyuntura política: la Patagonia, la cuestión aborigen, la ayuda a los necesitados, la lucha contra la corrupción...
     El asesor se puso de pie eufórico y gritó -Lo tengo, lo tengo.
     Y casi inmediatamente se pusieron a trabajar en el diseño de la imagen. Casi todo quedo resuelto aquella tarde, y creo que estuvieron acertados, al menos eso es lo que las encuestas indican en los últimos meses. De todos modos, no puedo reprimir cierto vergüenza cuando le alcanzo al Senador el poncho, las ojotas, la vincha y las boleadoras antes de que ascienda al palco en los actos electorales.


 

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