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Cuestión de amor o muerte
Por Andrés Kilidjian

Urgente carta al mundo:

         Ocho de la mañana en la casa de mis viejos. No me quedan muchas preguntas. Los recuerdos dicen que tengo 24 años y que ayer fue del calendario cristiano 21/11/2001. Dormí unas seis horas desde las doce que me acosté en el departamento de mi novia. O menos porque estaba pensando en ese mensaje de la casilla telefónica: “a todos los que están en esa casa los vamo a cagar a tiro. No le queda más de una semana con vida.” La gramática parece de película –trucha-, el tono de la villa que ni sabe porqué. No me puede dar rabia esa persona; quisiera ayudar a todas las personas pero es así; si no te jugás todo andá enterrando la cabeza. Hacete el dolobu porque sin jeta ni lobo ni puto. Sí, me da rabia esta historia con los desquiciados que ponen un país contra otro y nos matan incluso por los barrios; al final parece que no valiera la pena jugarse por los demás; son (o somos) todos putos. Nos están comiendo vivos y ni mú hacemos. Yo quería escribir una novela pero entre escuchas telefónicas, mafia y dominio global “El Comerciante” me iba quedando chico. Era para vérselas venir. Si mirás a un policía a los ojos es que tenés dignidad y eso está prohibido porque es peligroso (?). La igualdad es para los libres. Hay que diferenciar dos cosas; poder vivir y poder estar seguro. De por medio está la verdad: ¿en “qué” se tiene confianza? Yo tengo confianza en Dios, por eso expreso lo que siento. Pero esta cuestión abarca otro continente, el de las guerras. Apunto a Europa señalando una desgraciada frase de cine yanki –la guerra incrementa la voluntad…- Cualquier boludo dice lo que quiere como si estuviera seguro de todo. Y porque el paradigma legitimado viene de Europa les pido que cambien ahora. Yo no quiero guerra ni luchar por intereses ajenos ni proteger lo que esta “corta” vida tiene para mí. Lo sé, en este mundo Dios está a prueba (porque la vida es todo, incluso eso) y es nuestro juego ganar la apuesta, pero no estamos desvalidos; es parte de la verdad la inteligencia.

        No es difícil cambiar la realidad. La conducta “define” las circunstancias; el pensamiento llega a la creación donde parte la interpretación del deseo. Si creen que estoy loco no niego mi error, no dije que la creación fuera perfecta y atemporal; diría más bien incesante… Nadie pierde en su juego. Elijo el “medio” material porque algunos límites tengo (creo ahora) que aceptar. Para que la vida sea ideal sería buena la combinación de amar y hacer el amor. Y tal vez haga mi novela y tal vez haga el amor con la chica que amo, pues sé que sacrificando la felicidad o la virtud nada se gana.



 

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