portada
archivo
foro
staff
Viagem
Por Elhermafroditanímico

0

La distracción hiperpsíquica hacia las cosas (pálpito erguido en la vereda de una estrella).
Recuesto mi yo-tal-vez-no-yo en el descalabro lunar de la noche,
este balcón que me muestra tus ojos
reposados en mi pecho titilante,
ese instante acaba de irse y
la vida parece una insolación anímica
–el round pendiente con el Infinito.
Dudo si dudaría dudar
que un par de mendigos piden calor
sin ser fuego.
Rítmicamente la máquina cerebral da puñetazos
infantiles a la mesa, donde el redentor
fusilado por la gerencia emocional llora
con la cabeza oblicua y los brazos cruzados
delante de un peinado mancado por un peinado,
y aunque la hija asmática de dios esté encerrada en un smoking room
dios fumará sobriamente varios atados-milenios;
y aunque Gengis Khan haya conquistado mucho,
si se quema Asia, se quemará él
y si se quema el universo, su precursor llorará en su castillo,
de rodillas hacia la fogata en la noche invernal,
y una mujer cerrará los ojos y caerá en su cama
y una bola de cristal donde está el castillo
vacilará entre sus dedos hasta quebrarse en el suelo,
en el des-universo
–y tus ojos reposados en mi pecho otra vez.


1

He metido mi yo-tal-vez-no-yo en una valija,
tomando el avión de los campesinos trágicos
y me vuelvo místico en el asiento cómodamente incómodo:
otrora me comeré el mundo,
otrora la tristeza antigua será simple de eliminar como un aliento,
y ese mismo Otrora estallará en ese momento
y el round se me desmenuzará en las manos del alma...
y el gótico sentado a mi lado me dice que la valija
marchó con el avión de sólo ida
y que la reina ya no se mueve para todos los lados.
(la vía que se bifurca te muestra dentro mío, y solamente me cuestiono por qué eres recuerdo
si la cobardía del olvido es más fuerte abstracción que eso,
pequeño gusano oxidado que arrastra a mi garganta.)
La reina ya no se mueve para todos los lados, iba diciendo,
el campo está estático y los peones se tragaron a los jugadores,
la ventana de mi sector está casi en la turbina
viéndose la ciudad como la maqueta que realmente es.
El zumbido metálico del aterrizaje hace círculos en mi oído,
y la azafata del ideal greñudo dice que me abroche el cinturón
–política etérea del espíritu que yace en un pozo de lagañas–;
y me acordaré del gótico al lado de mi asiento,
me acordaré taxativamente del vuelo, de la pérdida turista,
del universo como experimento de la autoconspiración
en un laboratorio agrietado...
la convulsión de las ruedas me cierra el alma.


2

He llegado y la trasnoche se desprende rodando por la pista.
Me paro, y mientras camino saludo a la azafata con vulgar inercia
y el aposento ante la escalera me muestra sin precedentes el final:
he llegado a ningún lado, éste es el Otrora
y estallo
porque he llegado
sin mí.


 

buscar