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Los espejos clausurados
Por Alicia Carballo
che vos

che
vos
vení
mostrame los rincones
donde se guardan los viajes
y los espejos clausurados

alcanzame
los ojos del reloj
incendiá la voz en las esquinas
recitá los pecados capitales
y el catecismo
que nos gastó la infancia


pasá
y cerrá la angustia
rezá ese padrenuestro
que no está
ni en los cielos
ni en la tierra


extendé la piel
sobre la cama
y después
asesiná la luz
sin ningún remordimiento



palabra

poneme pies
de andar mordiendo lluvias
mientras vuelo

soñame la agonía
de querer que estalles
para subir al paraíso

enseñame a nostalgiarme
entre los ángeles

temblame en la voz
como una herida
cuando te nombre en los suburbios

no me quites este aire
de buscarte

esta maldición de creer en vos
palabra
que me enseñaste a vivir
sin salvavidas



podés
a esta esquina
sin sombras apretadas
llega el sabor azul del cigarrillo
para fumarse el mundo
en nuncasdóndes
cómoscuándos
porquésquiénes
nomeacuerdos
y algunos mientrastantos


a esta esquina
en fuga de la noche
por la que ando sin nieblas y sin dioses
vuelven los perros que ladran melodías
para matarme la sed
y los naufragios


a esta esquina
que se traga las monedas
y apuesta a caraocruz la desternura
podés venir a demandarme el viento
los candados
los rectángulos sin boca que se esfuman
y las puertas que jamás se cierran


como de pronto

como de pronto
sería fácil
expulsar los ojos de la sangre
escupir el rostro del espejo

no exponer más mejillas
al espanto

tirar la piedra
y esconder las bienaventuranzas

tragarse las cenizas

tomar la oscuridad por las astas
y rezar sin reverencias
una plegaria que desate la ceguera
para nunca

después
violar las cerraduras del presagio
y entrar por las calles laterales
despojados de gloria

y de vergüenza



si

si vos
si yo
nos abrazamos
a los fuegos
sin poder remordimientos

quién nos dará las razones
que tiene la pureza
para no sernos verdugos

para expulsar las pesadillas
los gestos inconclusos
las pocas certidumbres
que nacen las raíces
en esa hebra del costado
donde se nos suicida el corazón



aunque no


mirate los secretos
y contame
dónde guardás
las huellas del pecado

del pecado de pecar
sin meas culpas
ni puños que golpeen
dentro del viento

enseñame
adonde están
las manos con que el alma
se aferra a los hallazgos
para borrar pedazos de miradas

volveme a recordar
cómo se nacen los ángeles
de a sí mismos

después
brindá conmigo
por la fábula de andar resucitando
aunque no doblen por nosotros
las campanas



estamos

estamos
sabés
cercados por el mismo fuego
y sin embargo
no han estallado aún
las sombras de los árboles
ni tenemos brújulas prendidas a la boca
que parpadeen
mientras se nos fuga el corazón.


 

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