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Epitafio múltiple
Por Dolors Alberola

Pero entre esos seres frágiles

CHARLES BAUDELAIRE

¿No te bastaba yo. No te era suficiente
tener mi carne abierta. Mis libros esperando,
mis hijos esparcidos como estatuas de sal.
Mi pensamiento lleno de abrojos capitales?
No sé qué pretendías. No sabría exigirte.
Aborrecías raíces de lenguas que yo amaba,
te parecían tercas mis palabras.
Escasos los poemas, moribundos,
se acercaban a ti, se desnudaban
y tú les lacerabas con las rimas,
les gritabas inútiles,
les dejabas sin nombre, los odiabas.
Inútiles mis manos, mi memoria.
Mi carácter de hembra iba guardando todo,
tejiendo densas lágrimas, apilando tristezas.
Objetos que no eran mortales por sí mismos
iban matando cosas y, pronto, tu cadáver
empezó a molestarme. No me supliques muerto,
no me digas aún que me quisiste.
No profané tu tumba,
no guardé en tus bolsillos ningún poema inútil,
no firmé un epitafio sobre tu cielo mudo,
no te besé en la boca.
Guárdate tus gusanos para luego,
no remuevas la tierra de la tierra.
Ahora, amigo mío, ya no soy ni tu viuda
porque hasta eso, a veces, requiere las palabras.


 

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