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En el mar de las tormentas y otros poemas
Por Esther Mercedes Pérez Gayol
EN EL MAR DE LAS TORMENTAS


Soy un caos secreto con dos nombres
que dibujan su sombra contra el muro.

Una llama apagada con la mano.

Un mandala en el mar de las tormentas.

Una pregunta, la misma pregunta
tremolando en el mástil persistente.

Una espiral hambrienta de sentido.

Un nudo destinado a desatarse.


LA PROMESA

En el hondo bostezo de la noche
silente un ojo ciego nos acusa,
insomne y memorioso. Es la Luna.

Alteramos su feliz indiferencia
con la danza del triunfo conquistado.
Sólo el canto nos faltó. Y la fogata.

Nos volvimos como hacen los ladrones
Dejamos en el polvo las pisadas
y el estorbo de restos inservibles.

Impávida allá arriba, ella espera
que el hombre por fin cumpla su promesa
de volver otra vez. Y por fin vuelva.



EL SUEÑO DE BALKÍS

Esa tarde de invierno fue propicia.
El vagón comenzaba alborozado
el viaje que los siglos preparaban.

Cartera al hombro y avíos de batalla,
entró como una reina decidida.
El sueño de Balkís en la mirada.

Salomón en su reino no sabía
-el tiempo espiralado no se anuncia-
las veces que su historia volvería.


GAIA

Ventana, reja, árbol, techos, calles.
Música de ruedas entre reflejos.
Más allá y nuestro, el cielo que acecha.
Más acá y nuestro el correteo
de la sangre que deambula y sueña

Todo en todo. Y todo palpitante.

Taracea viva. Piedra preciosa
en el abierto Universo engastada.


CANTO AL SEÑOR DE LA DANZA

Canto al Señor de la Danza esta tarde.
Siento en la sangre sus giros alados.
Veo sus pasos dibujar las penas
que recias brotan entre los naranjos.

En el verde vital, la urgencia roja
en las plazas del amor, acelerada.

Las dulces bodas y los nacimientos.
Las secas tumbas con flores amargas.

Distinto el ritmo, persistente el paso.
Espectáculo que no cesa. Mágico
baile en la tarde atenta. Y hechizada.


 

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