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Escritos recuperados, 2
Por Guillermo Seminara

El árbol de Porfirio

     Debería categorizarse el mundo nuevamente... las cebras, por ejemplo, tienen mucho de luna. Ni qué hablar del pasado paquidermo de la sandía. Y acaso ¿no es azul casi todo lo que existe?


Monólogo

En donde acaban las lunas, allí estoy yo.
Mirando lo verde y no tanto tus ojos (que no son verdes)
Verde es todo aquello que no sabe que es verde:
Los trigales, mi casa, el cisne verde del lago blanco,
los bosques de pinos y demás cosas que ya te he contado.
Pues bien, entonces hablemos de otra cosa,
¿Qué te parece el derecho a la sombra?
“Toda persona tiene derecho a conservar su sombra
fiel a su figura sin que sea lícito admitirse bajo ninguna
circunstancia que tal situación se invierta”
¿Y si vuelvo a mí?
Nada, me conservo triste, como todo triste,
entre la espada y la espada,
apostado en algún lugar de las montañas
en donde los ecos se abandonan.


Felicidad

     Siempre después de todo mal -dicen- viene un bien. En realidad un bien, al menos, debió estar antes. ¿De qué otra forma hubiese sido posible reconocer al primero?

Despedida
De todos los silencios escogió el que más callaba
Yo en tanto atiné a la luz de una ventana.
Si mañana muero, me dije, no ha de ser muy distinto,
Y me morí.
El dolor y sus ecos.
La nostalgia de las cosas convertidas ahora en algo diferentes a ellas mismas.


Manchas

No es cierto que los tigres acepten sin más su adición.


Verano

     ¿Por qué apoyas siempre tu pesado costal sobre mi niñez dormida? ¿ Por qué me tornas clandestino? Conozco todos tus secretos y a tu impostura repleta de sequía...
Vete al infierno de una buena vez y no olvides de llevarte contigo a todas y cada una de tus bienaventuranzas cargadas de ciruelas, cigarras y tomates.


Mi tía Irma

     Mi tía Irma va de un lado al otro sin parar. Ella tiene muchas ocupaciones que atender sobre todo aquellas que están referidas a los asuntos familiares. Esto último derivó en algunas recientes visitas a mi casa en donde conversamos mientras merendamos con vainillas y té. En sus quehaceres la acompaña siempre Maximiliana, una joven peruana que a cambio de dinero hubo de interrumpir a su marido e hijos hasta nuevo aviso y vivir junto a mi tía la vida de mi tía. Como verán, Maximiliana duplicó su apuesta vital.
     Maximiliana tiene libres las tardes de los sábados. Yo la imagino siempre presurosa, caminado casi pegadita a las paredes de las casas rumbo al encuentro de unas amigas de no sé ya que vida.


División política

     Todo imperativo divide aguas, sin embargo han sido las aguas, y otras tantas geografías, las que presas de una inversión aberrante han deslindado dominios y vastedades. Así el amor por la patria resulta medido en términos de fidelidad canina... Se ve, no hay nada más penoso e ínfimo que la inercia cartográfica.


Derrota

     Buenos Aires, diciembre de 2002 Está muerto quien pelea y muere en la pelea, no hay dudas de eso. Conozco muchos muertos. Pero peor, mucho peor, es sentirse vivo peleando muerto.


Ortodoxia

     Dos calandrias merodeaban desde hacía algún tiempo en mi cabeza. Una tarde, más silvestre que común, decidí hacer algo con ellas y las imaginé posadas sobre una parra repleta de uvas y de sol. Luego, los pájaros no tienen luego, las dejé volar y entonces apenas si lograron estas aves en mi vuelo desenvolver algo del orden de su concepto.


Blanca Palomita

(A mi maestra de séptimo grado)
Un universo de idioteces tu horizonte,
ámbar del moscardeo mundial.
Eres apenas todo el tiempo
inalcanzable y diminuta a la vez.
¿De dónde proviene la diadema que ciñe tu frente y te corona?
¿De dónde acaso el legado insustancial que rige tus acciones?
De lo obvio, sólo el umbral te han concedido
y en él gozosa chapaleas
exultante y radiante
encendida y patética.


Tragedia

En ocasiones, y aun siendo optimistas, demanda una vida explicar la vida.


 

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