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Antequam
Por Domingo F. Faílde

a M. Carmen Valverde


Ella surgió del mar con Botticelli.
Entonces. Ella
descendió de los cielos
y llenó la caverna de Platón.
Ella, entonces,
como rayo de luz o primavera,
por quien los más valientes
luchaban en torneo. Entonces. Ella,
tal la fragancia lábil
de algún perfume exótico,
y eternamente diosa. Entonces.
Ella,
como un lábaro ardiendo
bajo la madrugada.
Entonces: cuando el mundo
era virgen en ella,
y la historia tenía apenas veinte años
y parecía una rosa de fuego en el jardín.
Ella, entonces,
sin sospechar apenas que eran ciertas
las advertencias del carpe diem,
y que el tiempo, en efecto,
acostumbra a jugar con ventaja.

Y por eso, tal vez, aunque salió del agua
y abandonó el perfume, la luz y la caverna,
deja que su secreto las sombras ilumine
con su brillo de otoño. Después. Ella.

(Manual de afligidos, 1995)




 

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